La defensa de los bosques pluviales del Shanusi-Caynarachi, actualmente bajo la vorágine destructiva del Grupo Romero, tuvo este jueves una nueva jornada impulsada por el pueblo de Barranquita y un pequeño sector de la población regional, principalmente rural. Nuevamente, los que no tienen voz, la levantaron, y muy a tono para defender el patrimonio común de la humanidad.
Curiosos tiempos son éstos. Esta vez no se trató de gente ávida de medios para sobrevivir contra los esfuerzos impotentes de tecnócratas ambientalistas, quienes intentaron cambiar la idiosincrasia de un pueblo que suele cortar la base del árbol que lo soporta. Me viene a la mente la imagen del ingeniero Washington López dando cátedra de conservación en Urahuasha (para sus escasas 2 centenas de hectáreas), y luego lo imagino depositando, en una muestra de eficiencia y simplificación administrativa, la rúbrica que facilitaba el camino para la destrucción de miles de hectáreas de bosques primarios en Shanusi-Caynarachi. Posteriormente, todo esto se sucedió en una cadena de eventos que podrían tipificarse como estulticia ante una funcionalidad poco clara y carente de virtudes éticas de fuerza.
Más que el hartazgo de un pueblo ante el abuso, la desesperación y la tiranía que ejercen sus propias limitaciones, el mensaje de Barranquita y de los pueblos originarios es claro allende los tecnicismos y legalismos: exige coherencia emocional de sus autoridades más allá del discurso funcional. La pasión es una parte fundamental de la actitud ética, y es precisamente su carencia, la falta de decencia y coraje enmascaradas en una serie de tinterilladas para justificar la enajenación de la dignidad profesional o el mutismo en la gran mayoría de nuestros casos locales. El casi universo de nuestras “figuras” públicas se escuda en el ámbito de su función para no opinar; piensan que los términos de referencia y el marco normativo de su función los redime de su condición humana, de expresar una opinión ante la injusticia. Las instituciones deben su prestigio a la calidad de los recursos humanos que las integran, pero las luchas están desiertas de “instituciones de prestigio”; pareciera que los empleados de las mismas se han contagiado del glamour gerencial y de la incompetencia funcional para opinar en tono alto.
Si bien esto puede hacerse extensivo a la actitud de cualquier ciudadano, es en especial, para quienes la sociedad invirtió más que el promedio: ¿Por qué el silencio de cientos de egresados de institutos superiores, amén de sus cargos públicos, su simple condición de asalariados o inclusive de desempleados? ¿Hemos perdido la capacidad de indignarnos y hemos decidido enterrar el pico en la inmundicia que ninguna aula nos hubiese querido reservar?
En medio de la desazón, nos olvidamos de nosotros. Son éstos, tiempos históricos que nos golpean con inusitada esperanza, y aunque en el imaginario multimedia hemos perdimos la cuenta de aquello, las jornadas de lucha del presente serán tan memorables como el silencio de quienes hoy pueden dar un ejemplo oportuno de rectificación.
Ejerzamos nuestro derecho a opinar: defendamos la Amazonia.

Los sin voz o los que se semejan a Garabombo, el invisible; se hicieron escuchar y de pronto, el enemigo los pudo divisar y darse cuenta de que por mucho que se los haya marginado y olvidado, los pueblos resurgen cuando pretenden despojarlos de sus tierras, de su historia, de su cultura, de su vida misma…Barranquita demostró y seguirá demostrando que ninguna ley injusta puede ser más fuerte que su derecho a defender lo que es suyo: Su tierra, sus bosques, sus ríos, su biodiversidad…su dignidad.
¡Barranquita resiste!
Diana Ruth
Por: Diana Ruth el 7 enero 2010
a las 9:10 PM
Es necesario que la pus de este caso salpique en las esferas nacionales a sus verdaderos artífices: Jorge del Castillo, Aurelio Pastor, el ex-ministro Benavides, entre otros, todos lobistas y beneficiarios del Grupo Romero.
Me gustaría añadir a la lista de mudos a aquellos periodistas de investigación del ámbito nacional (¿o acaso aún no se han enterado?). Inadmisible el silencio que guarda la prensa nacional ante este tema que podría ser considerado un verdadero “destape”. Pruebas hay.
Por: Ramiro el 8 enero 2010
a las 9:07 AM
Es indignante el papel que desempeña cierto tipo de prensa, de aquella que siempre le está dando la espalda a la realidad y solo sale a la palestra cuando tiene que defender servilmente a sus amos, cuando tiene que defender lo indefendible o tergiversar los hechos según su propia conveniencia.
Pero felizmente aún quedan verdaderos periodistas, de esos que muchas veces son acusados y enjuiciados por defender y sacar a relucir la verdad.
¡Barranquita resiste y vencerás!
Diana Ruth
Por: Diana Ruth el 8 enero 2010
a las 11:14 AM